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Maternidad Consciente

Descubre el temperamento de tu hijo

//Descubre el temperamento de tu hijo

Según Hipócrates, el ser humano se divide en cuatro grandes temperamentos: el sanguineo, el colérico, el flemático y el melancólico. Aunque estos temperamentos se mezclan en cada ser humano, podemos observar que uno es el que predomina siempre, lo que definirá a que grupo pertenece nuestro hijo.

El niño sanguíneo tiene una mirada alegre, alborozo y felicidad brillan en esa mirada especial que se ve en el niño sanguíneo. Su cuerpo es esbelto y de músculos finos. El caminar es liviano y saltarin. El niño sanguíneo comprende las cosas con facilidad, pero también las olvida rápidamente. Es difícil mantener su atención en algo porque su atención pasa rápidamente de un objeto a otro.Estos niños aprenden por interés, no aprenderá por la fuerza nada que no esté en su naturaleza, habrá que observarlo y ver que le interesa verdaderamente. Deberá ser una persona adecuada para él,  que sea capaz de guiarlo y despertar ese interés duradero en él. Hay que buscar a esa persona pues únicamente por amor hacia ella, nacerá el interés en el niño sanguíneo, el amor y respeto hacia esa persona producirán milagros en el niño sanguíneo. La palabra clave para el niño sanguíneo es amor, ni los castigos ni los sermones servirá de nada. El niño sanguíneo necesita más amor que cualquier otro temperamento.

El niño Colérico tiene una pisada fuerte, deja una huella profunda en el suelo. Al niño colérico no le es fácil demostrar el amor por una persona, la comunicación debe de buscarse de otra manera, en este caso por el respeto y la autoridad. Para el niño colérico debemos ser , en su sentido más amplio, dignos de su respeto y aprecio.Debemos de tener firmes las riendas de la autoridad, el niño siempre debe de creer que el educador sabe, de lo contrario estará perdido. El niño colérico necesita en su camino dificultades, obstáculos que debe vencer para liberar sus energías superfluas. El niño colérico necesita espacios abiertos para liberar su exceso de energía.

El niño melancólico tiene tendencia a la tristeza, al sufrimiento y a los dolores. Hay que poner especial atención en no intentar aliviarlo de sus penas y dolores. Para el educador será esencial otorgar valor al echo de mostrar al niño que hay sufrimiento en el mundo. Si nos queremos acercar a él, tenemos que encontrar el punto de unión. El niño melancólico está dispuesto al dolor, a la desgana, esto está profundamente arraigado en él. Al niño melancólico hay que mostrarle que hay dolor en el mundo, un sufrimiento que esté justificado porque le da la oportunidad de aplicar su melancolía en en mundo exterior y de sentir empatia por los que sufren. Tratando de divertirlo o alegrarlo no le distraeremos, de esta manera, su pesar se endurecerá aún más. Mostrándole que hay dolor justificado en el mundo, que otras personas también sufren, seremos capaz de sacar lo mejor de él ofreciendo su ayuda a otras personas con las que sentirá empatía.

El niño flemático necesita amistades. Para su educación debemos de recurrir a la influencia de su entorno, haciéndole participe de juegos para sacarlo de su letargo. No es fácil que se interese por algo, pero rodeándolo de niños de su edad, puede ser educado  por medio de la convivencia y los intereses de sus compañeros. Necesita de la amistad y el contacto con la mayor cantidad posible de chicos de su edad. Es muy difícil que ninguna tarea de la casa o el hogar atraiga al niño flemático, sólo lograremos nuestro propósito de manera indirecta a través de otros niños de su edad.

 

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2018-08-28T19:12:40+00:00 28 agosto 2018|El primer septenio|
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